Abierto el plazo de presentación de proyectos para las compañías extremeñas

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Foto: Ceferino López

Queda abierta la convocatoria para la presentación por parte de las compañías profesionales de teatro de Extremadura de sus propuestas escénicas para la próxima edición del Festival de Mérida, que se desarrollará durante el verano de 2010, en fechas aún por determinar.

Las propuestas presentadas deben tener carácter o temática eminentemente clásica grecolatina. Entre la documentación adjuntada ha de incluirse necesariamente:

-texto íntegro a representar (original o versión)
-ficha técnico-artística (lo más detallada posible)
-elenco
-bocetos de vestuario y escenografía
-curriculum de la compañía
-presupuesto de producción
-presupuesto de exhibición por tres, cinco y diez representaciones

La documentación debe enviarse por correo postal o entregarse en mano en la siguiente dirección (indicando si desean que les sea devuelta):

Festival de Mérida – Centro de Producción
C/ Diocles, 1
06800 Mérida
(Badajoz)

El plazo de recepción de proyectos finaliza el 15 de octubre de 2009. Posteriormente, serán analizados y, en caso de ser seleccionados, serán producidos por el Centro de Producción del Festival de Mérida, tras la aprobación por parte del Consorcio Patronato.

The end #55

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La 55ª edición del Festival de Mérida bajó su telón imaginario el pasado 30 de agosto, con la última representación de la ‘Medea’ de Tomaz Pandur y Blanca Portillo, un espectáculo que la prensa de toda Europa se ha apresurado a calificar como histórico y del que los medios nacionales han destacado que se trata de uno de los mejores montajes de la historia reciente del certamen, además de elevar a su protagonista a la categoría de “diosa” y de “mito”. De esta forma se ponía el broche de oro a una edición que ha confirmado al Festival de Mérida como la cita cultural más importante del verano español.

La despedida contó con la presencia sobre la escena del Teatro Romano del equipo al completo del Festival para dar las gracias al público por contribuir a engrandecerlo con su presencia. Como colofón, el director del certamen, Francisco Suárez, parafraseó a Medea-Portillo recordando que “Los milagros están hechos para aquellos que se atreven a maravillarse”.

‘Medea’ se despide haciendo Historia

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Fotografía: Ceferino López

“La ‘Medea’ de Tomaz Pandur y Blanca Portillo, espectáculo con el que se clausura la 55ª edición del Festival de Mérida, se convirtió en histórica desde la noche de su estreno, el pasado jueves en el Teatro Romano, ante 3.000 espectadores electrizados que, más que aplaudir puestos en pie, bramaron al finalizar el brillante y conmovedor espectáculo que narra ‘la íntima tragedia de un amor desventurado”.

Rosana Torres no quiso ir más allá del primer párrafo de su crónica en ‘El País’ para certificar el carácter histórico de la decimoséptima versión de ‘Medea’ estrenada en el Teatro Romano de Mérida, que llevaba por título un incontrovertible “Otra diosa en el Olimpo” y que señalaba metafóricamente que “la Xirgu, fallecida en el exilio, y la Espert se han apretado en su trono para hacer sitio a una Portillo que ha sabido dar una vuelta de tuerca, en clave panduriana, y mostrar una Medea rabiosamente telúrica que habla con la voz de las mujeres de hoy”.

A todo ello añadía que “un director esloveno de fama internacional, una actriz madrileña hoy gran referente del teatro español y un sólido equipo encabezado por Asier Etxeandía, Julieta Serrano y Alberto Jiménez dejaron claro que el siglo XXI ha dado su gran ‘Medea”. Y terminaba subrayando que es ésta “una propuesta casi operística, con pinceladas de cine neorrealista y sutiles y delicados aromas de Pasolini. Donde cada actor tiene un aria con la que lucirse, como la nodriza Julieta Serrano con su monólogo final, como Jiménez-Jasón, quien dosifica el dolor hasta llegar a un clímax final desgarrador, como el Egeo que asume Etxeandía. Y con una grandísima y rotunda ‘prima donna’, que ha puesto toda la carne, la sangre y el alma sobre la sólida base de esta ‘Medea”.

Súper Blanca

Juan Ignacio García Garzón destacaba en ‘ABC’ que el “pulso entre una hipotética verdad y la robusta musculatura del mito -poderoso y seductor para autores de todas las épocas- es el aliento que anima el montaje de Tomaz Pandur, en el que desaparece Creonte, rey de Corinto, y se suma el centauro Quirón, que al fin y al cabo fue tutor de Jasón y aquí ejerce de catalizador y testigo de la historia” y que “el director evoca el errabundo itinerario de Medea y su marido tras conseguir el vellocino de oro para dar al espectáculo una pátina balcánica con música de acordeones en directo, escenas rurales y elementos folclóricos”. De Pandur, sostiene que está “más comedido estilísticamente que en otras ocasiones” y que “mueve con eficacia y belleza al coro de argonautas y mujeres de la Cólquide, que miden una y otra vez la longitud del escenario con caminatas y carreras”. Asimismo, “en el plano interpretativo” hace doble hincapié: “Súper Blanca Portillo está eminente en su celeste Medea con los pies en la tierra, pese a los problemas de voz de la noche el estreno, igual que un prodigioso Asier Etxeandía en su doble papel de Quirón y Egeo”.

Medea vanguardista

‘El Mundo’, con David Vigario como transmisor, observaba que “la historia está modernamente narrada a través de un lenguaje muy dinámico, donde la luz, los efectos especiales y la música juegan una papel fundamental para mantener siempre en tensión al espectador. Sin darle tregua” y calificaba la ‘Medea’ de Pandur-Portillo como “vanguardista, cinematográfica, espectacular, del siglo XXI”.

‘Público’, con Carlos Prieto como notario, daba fe de que “cuando la obra se aleja de la cotidianeidad contemporánea y entra en el terreno de las abstracciones y las imágenes poéticas, envueltas en las tristes melodías balcánicas de los acordeones de las mujeres de la Cólquide, el director acierta casi siempre” y cerraba su crítica haciendo referencia, una vez más, a la protagonista del espectáculo: “Portillo afrontaba aquí el difícil reto de estar a la altura de las ‘Medeas’ interpretadas por Margarita Xirgu y Nuria Espert. La actriz madrileña puede dormir tranquila: prueba superada. Su ‘Medea’ queda para el recuerdo”.

Despedida

Los espectadores que aún no se han acercado hasta el Teatro Romano de Mérida para contemplar esta última versión de ‘Medea’ pueden hacerlo desde hoy hasta el próximo domingo día 30; esta será su última oportunidad de despedirse de la Historia. A todos ellos, pese a lo enunciado más arriba, les deseamos -como hace Daniel Galindo en su blog de RNE- que, si pueden, gocen vírgenes del espectáculo.

‘Medea’ se estrenó ante un aforo completo

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Foto: Ceferino López

La expectación generada por el estreno de ‘Medea’ se ha visto reflejada desde el primer día, ya que el último montaje de la 55ª edición del Festival de Mérida se estrenó anoche con las localidades agotadas. Asimismo, para las funciones del viernes 21 y el sábado 22 el aforo está igualmente completo. Todavía pueden adquirirse localidades para el domingo 23 y para la semana siguiente, del 25 al 30 de agosto.

El espectáculo dirigido por el esloveno Tomaz Pandur y protagonizado por Blanca Portillo, Julieta Serrano, Alberto Jiménez y Asier Etxeandía, se convierte así en el montaje estrella de 2009, demostrando que la apuesta del Centro de Producción del Festival de Mérida por difundir la esencia grecolatina servida en frascos contemporáneos es la senda adecuada, como ya demostró el año pasado el ‘Edipo rey’ dirigido por Jorge Lavelli.

En ambos casos, se trata de espectáculos llevados a escena por prestigiosos directores europeos y protagonizados por primeras figuras de la interpretación nacional; y en ambos casos hablamos de estrenos absolutos con representaciones en exclusiva en el Festival de Mérida; un regalo que ningún amante de los aromas exquisitos debería perderse.

El viaje de las leyendas doradas desde el este hasta el universo, pasando por los Balcanes

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Fotografía de ensayo: Ceferino López

Medea es la figura central de uno de los mitos fundamentales del mundo: los Argonautas y el Vellocino de oro. El secreto de este mito aún no ha sido desvelado; un velo de misterio aún lo cubre, ya que ese mito permanece aún sin resolverse. Los protagonistas de esta historia, el antiguo héroe Jasón, realmente no podría existir sin Medea, porque ella lo convierte en el personaje principal de la historia; más importante aún que su papel en el heroico viaje con los Argonautas en busca del divino Vellocino de oro, fuente de poder y autoridad.

Paradójicamente, el robo del Vellocino no le proporcionó a Jasón ni el reino ni el poder que buscaba, ni siquiera tuvo la capacidad de predecir si la hechicera Medea lo sabía, cuando traicionó a su padre y a su hermano al permitir que el extranjero Jasón, por el que estaba locamente enamorada, lo consiguiera. Como hechicera, al menos es posible que intuyera el gran secreto que guardaba el dragón del bosque sagrado. Escapando con su amado y el Vellocino de oro de sus perseguidores, Medea realizó con los Argonautas y su barco Argo un viaje milagroso, que algunos de los investigadores de los Balcanes determinan como la posible frontera cultural y política de esa zona.

Medea, enamorada, traicionada y obligada a llevar a cabo una sangrienta venganza, traicionó a su padre y a su hermano, mató a sus propios hijos y a sus adversarios, pero no pudo ganarse el amor de Jasón a quien ayudó con sus artes mágicas a conseguir ese símbolo de poder y autoridad. Pero el poder prometido fue inalcanzable. Para obtenerlo tuvo que engañar, vendiendo su propio cuerpo (matrimonio por interés), provocando la trágica caída de Jasón, que tuvo que viajar exiliado naufragando en las costas mediterráneas donde murió olvidado. Los Argonautas serán recordados por su odisea, que dibujó entonces las fronteras, que son hoy el objeto de interminables luchas políticas. No se podría recordar a Jasón si no hubiera sido por Medea, que se lo dio todo: amor, sus hijos, poder… y aun así, él no pudo pagárselo ni con un poco de ternura. Ella lo sacrificó todo por él: su tierra, su gente, su familia, su nombre y su honor. Por ella, él no quiso sacrificar su sueño de poder. Medea se recordará siempre por la tragedia de Eurípides, base sobre la que otros dramaturgos escribieron sus dramas: Séneca, Ovidio, Corneille, Grillparzer y Anouilh. La historia de Medea es, en esencia, una tragedia íntima de un amor desgraciado.

Es en los Balcanes donde hoy viaja el espíritu de Medea para preguntar por qué Jasón tuvo que embarcarse hacia la Cólquida. La respuesta ha sido ansiosamente esperada sin saber en qué fallaron los Argonautas. Pero no existe una respuesta. Los Balcanes mantienen su respiración en la oscuridad de sus planicies, en la niebla de sus bosques y en el murmullo de sus aguas. La respuesta que falta no cesa en su propio grito de miles de años.

Tomaz Pandur y Dr. Darko Lukic

Medea en el cine

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Los días 20, 25 y 27 de agosto se proyectarán en el Centro Cultural Alcazaba, coincidiendo con las representaciones de ‘Medea’ en el Teatro Romano, tres películas que se acercan desde diferentes puntos de vista al mito griego. Este ciclo cinematográfico está patrocinado por la Filmoteca de Extremadura y cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Mérida.

20 de agosto
20,30 h
‘Medea’
Italia
1969
110’

Dirección: Pier Paolo Pasolini
Guión: Pier Paolo Pasolini
Música: Varios
Intérpretes: Maria Callas, Giuseppe Gentile, Laurent Terzieff, Massimo Girotti, Margareth Clementi, Anna Maria Chio

La ‘Medea’ de Pasolini es una mezcla de crueldad e inocencia, de barbarie y sentido de lo sublime, del mundo arcaico dominado por las emociones ante un mundo regido por la racionalidad. En esta particular versión del clásico, los versos de Eurípides son salvajemente cortados y la alteración del orden de los protagonistas cambia hasta dejar a Jasón como un secundario, sólo útil para narrar la verdadera historia, la historia de una mujer enloquecida por sus sentimientos.

25 de agosto
20,30 h
‘Así es la vida’
México
2000
94’

Dirección: Arturo Ripstein
Guión: Paz Alicia Garciadiego
Música: David Mansfield y Leoncio Lara
Intérpretes: Patricia Reyes Spindola, Aracelia Ramírez, Luis Felipe Tovar, Ernesto Yáñez, Francesca Guillén

Desaforado melodrama que se inspira en la ‘Medea’ de Séneca. Los desgarrados diálogos, surgidos de la propia vida, están impregnados de una carga literaria que linda la genialidad. Los monólogos de sus protagonistas tienen una fuerza arrolladora que provocan intensas y arrebatadoras sensaciones. En todo caso, la capacidad de Ripstein para crear una atmósfera casi claustrofóbica en un pequeño patio de vecindad, con los contrastados colores de las habitaciones de las casas que lo rodean, convierten el conjunto en un escenario lúgubre que se aproxima a lo grotesco. La idea de transformar el coro griego en un trío de cantantes televisivos es sencillamente genial.

27 de agosto
20,30 h
‘Medea 2’
España
2006
84’

Dirección: Javier Aguirre
Guión: Javier Aguirre
Música: Emiliano del Cerro y Eduardo Polonio
Intérpretes: Esperanza Roy, Fernando Fernán Gómez, Manuel de Blas, Nati Mistral, José Pedro Carrión

Javier Aguirre es un caso realmente singular, pues por un lado posee una larga y contrastada experiencia en el cine comercial y por otro es responsable de una exigente filmografía independiente rabiosamente experimental.

En palabras del propio director, nos encontramos ante una versión teatral del texto de Séneca; en paralelo, un ballet flamenco refleja en cada secuencia lo que el autor cuenta. El desarrollo del texto, muy ‘dreyeriano’, en el sentido de primeros planos, es en blanco y negro. El ballet en color, representa la parte verdaderamente experimental de la película.

Las ‘medeas’ de Mérida

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“Hasta la gente que no ha ido nunca al teatro sabe quién es Medea; es un personaje fascinante y cada vez más moderno. Al llegar la liberalización de la mujer, a Medea se la ve de otra manera, supongo que en siglos pasados se la veía como una loca vengativa, un monstruo; ahora se la ve como una mujer ofendida, vejada, humillada, traicionada y que, desde luego, escoge una vía trágica”. Quien habla es Nuria Espert, la actriz que más veces ha encarnado a la princesa de la Cólquide sobre la escena del Teatro Romano de Mérida. Lo hizo en 1959, bajo la dirección de Armando Moreno; en 1979, de la mano de José Tamayo; y en 2001, dirigida por Michael Cacoyannis. Así que, quien habla, lo hace con conocimiento de causa.

‘Medea’ es, según los críticos, la tragedia más completa de la antigüedad: la más perfecta composición de Eurípides, “el más trágico de los poetas griegos”, y la obra más conocida de Séneca; sendas versiones se han convertido en las canónicas de un relato que en dos mil quinientos años ha dado lugar a más de doscientas variantes, abarcando, además de la literatura, a otras artes como la música o el cine. Pero, como recogía el profesor José Antonio Clúa Serena, “cuando el espectador actual presencia la representación de la ‘Medea’ (…), debería recordar que lo que se denomina ‘armazón mítico’ de esta tragedia es el resultado de una variada tradición legendaria”.

Otro profesor, Julio Mangas Manjarrés, resume así el relato del mito aquí tratado: “Medea, hija del rey de la Cólquide, enamorada de Jasón, le ayudó a tomar el vellocino de oro; en su huida, acompañando a Jasón, mató a su propio hermano. En Corinto, ya con dos hijos de Medea, Jasón se enamora de la hija de Creonte, el rey de la ciudad, y presenta a Medea el proyecto del nuevo matrimonio con el pretexto de que, de ese modo, conseguiría salvarse él y sus dos hijos, amenazados de destierro. Medea reacciona vengándose primero con el asesinato de Creonte y de su hija, que mueren por medios mágicos proporcionados por Medea, y con el posterior asesinato de sus propios hijos, dejando a Jasón solo con su remordimiento, mientras ella escapa hacia las alturas en un carro alado, tirado por dos dragones, que le ha proporcionado el Sol, su abuelo”.

Dieciséis versiones

A lo largo de sus setenta y seis años de historia, el Festival de Mérida ha acogido –si no nos fallan los cálculos– dieciséis versiones del mito de Medea, antes de hacerlo con la que firman este año Livija y Tomaz Pandur y Darko Lukic. Naturalmente, Eurípides y Séneca han sido los autores más utilizados, pero casi nunca han sido representados al pie de la letra. La versión del dramaturgo griego fue escenificada por la compañía Piraikon Theatron de Atenas en 1963, con traducción de D. Sarros, y fue versionada en 1983 por Manuel Canseco y en 2001 por Ramón Irigoyen; la de Séneca, fue representada en 1933 y 1934 mediante la traducción de Miguel de Unamuno, y en 1955, adaptada por Jaime Ferranza. Pero también abundan las versiones que toman elementos tanto de una como de otra propuestas. Este es el caso del texto de Juan Germán Schroeder representado en 1959 y 1979; y, en menor medida, el de Fermín Cabal, que presentó en 1998 una obra que podría considerarse como propia, y el de Ricardo Iniesta, que en 2004 propuso una personalísima versión del mito con ‘Medea, la extranjera’, en la que el papel protagonista era interpretado por cuatro actrices distintas. Más heterodoxas aún resultan las aproximaciones al relato mítico de la ‘Medea’ musicada por Manolo Sanlúcar para el Ballet Nacional de España, que se pudo contemplar en 1984, 1990 y 1999; la ópera de Luigi Cherubini dirigida por Antoni Ros Marbá en 1989; la ópera china interpretada en 2002 por el Hebbei Bang-Zi Theatre; y la ‘Medeamaterial’ de Heiner Müller traída por el Attis Theatre en 1988.

‘Medeas’

Aunque, sin duda, lo más recordado por los espectadores son las intérpretes que han dado vida a la princesa cólquica a lo largo de estos años. De entre todas ellas, destacan sobremanera dos casos: Margarita Xirgu y Nuria Espert. La Xirgu encarnó a Medea dos años consecutivos en la génesis del Festival de Mérida, en 1933 y 1934. Pero la actriz que quedará para los restos como la ‘verdadera’ Medea emeritense es, sin duda, Nuria Espert, gracias a sus tres encarnaciones del mito: la primera vez lo hizo con tan sólo 24 años, y su interpretación ya dejó patentes, según los cronistas de la época, su perfecto equilibrio entre emoción y pasión, por un lado, y ordenación racional, por otro; la segunda, veinte años después, Nuria Espert protagonizó una versión más humanizada del mito; la última ocasión, fresca aún en la retina –tuvo lugar en 2001–, la actriz acudió a Mérida en la edad a la que la mayoría de los trabajadores se jubilan –65 años– para demostrar que, en su caso, el retiro aún tendrá que esperar. Encarnó a una Medea sobria y contenida; un personaje que parecía haber ido creciendo con ella.

Pero ha habido muchas más ‘medeas’ en Mérida: Maritza Caballero en 1955; Aspasi Papathanassiou en 1963; Julia Trujillo en 1983; Manuela Vargas en 1984 y 1990; Sophia Michopoulou en 1988; Montserrat Caballé en 1989; María Luisa Borruel en 1998; Maribel Gallardo en 1999; Peng Hui Heng en 2002; y Aurora Casado, Silvia Garzón, María Martínez de Tejada y Rebeca Torres en 2004.

Medea, siglo XXI

Nuria Espert advertía tras el estreno en Mérida de su última ‘Medea’ en 2001: “Yo sé que el año que viene, o dentro de cinco años, habrá una buenísima actriz, que ya debe de estar trabajando… alguna de esas magníficas actrices jóvenes… y hay muchas, y no tan jóvenes, ya con treinta años; una de ellas hará una Medea extraordinaria. Ya se tiene que estar preparando, aunque todavía no lo sepa ni ella misma. Y continuará tanta belleza. Y después habrá otras. Y dentro de otros dos mil quinientos años, que son los que van de Eurípides a nosotros, tendrá que haber otras actrices que transmitan tan inmensa belleza, tendrá que haber otras ‘medeas’ en Mérida, o el género humano se habrá perdido irremisiblemente”.

Por aquel entonces ni ella ni nosotros sabíamos que se estaba refiriendo a Blanca Portillo, la actriz a la que le dio el relevo en la Gala inaugural del Festival de Mérida de 2008 y que acude este año al Teatro Romano para convertirse, si nada lo remedia, en la Medea del siglo XXI.

Vuelve ‘Satiricón’, el pasacalles del Festival de Mérida

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El Festival de Mérida vuelve a echarse a la calle mañana sábado 15 de agosto con ‘Satiricón’, el espectáculo estrenado por Guirigai Teatro el pasado 4 de julio. En esta ocasión, acompañarán al pasacalles en su despedida del certamen emeritense Javier Alonso de la Torre, director general de Promoción Cultural de la Junta de Extremadura, y Francisco Suárez, director del Festival de Mérida.

‘Satiricón’ es una producción en la que participa un equipo de 22 personas; equipo plástico -la compañía gallega Monicreques de Kukas dirigidos por Marcelino de Santiago-; equipo de vestuario dirigido por la figurinista Maite Álvarez; músicos dirigidos por el burgalés Javier Domingo, que ha creado la música original del espectáculo; un elenco de 10 actores, muchos de ellos veteranos de la compañía, Jesús Peñas, Raúl Rodríguez, Lorena Curiel, Rebeca Ruiz o Pedro Luís Cortes, procedentes de Madrid, País Vasco, Mejico o Extremadura, que interpretan una veintena de personajes; equipo de técnicos. Todos ellos bajo la dirección artística de Agustín Iglesias.

En ‘Satiricón’, el gran Titus, liberto transformado en afortunado hombre de negocios inmensamente rico, se presenta en la ciudad de Emerita como generoso patrocinador de su Festival de Teatro, regalo que aprovecha para hacerse propaganda como candidato al Senado.

Al grito de ¡Titus Senador!, recorre la ciudad acompañado de Fortunata, su voluptuosa esposa, numerosos esclavos, músicos y Pomposo, el servicial edil. Calles y plazas estarán salpicadas de ceremonias religiosas, venta de esclavos, comedias populares y lucha de gladiadores. Todo organizado por el maestro de ceremonias Marco Manicio.

El patrocinador y benefactor del Festival será consagrado, finalmente, por Apolo y Artemisa, que le revelarán un sorprendente misterio final.

Un ‘Edipo’ “cuajado de resoluciones admirables”

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‘Edipo, una trilogía’, la ambiciosa propuesta escénica de Geoges Lavaudant, ha dejado huella a su paso por Madrid -el Matadero, un mes- y Barcelona -Grec, cinco días-. El crítico teatral de ‘El País’, Marcos Ordóñez, hacía balance el pasado sábado en ‘Babelia’ de ambas presencias, destacando desde el principio que se trata de un montaje “cuajado de resoluciones admirables”.

Para empezar, hacía alusión a “la traducción y la clara (…) dicción de los intérpretes” y añadía: “La espléndida versión es un trabajo de ida y vuelta, a cuatro manos. Daniel Loayza ha vertido el texto de Sófocles (de un lirismo seco, antisentimental) del griego al francés, y Eduardo Mendoza del francés al castellano. Las palabras brillan sin tintinear, como piedras bruñidas por el agua y recalentadas por el sol”.

Más adelante, pasaba a desgranar una por una las tres piezas que integran el montaje: “La puesta en escena de ‘Edipo rey’ es la más clásica de las tres piezas. ¿Qué decir de ‘Edipo’ a estas alturas? El primer texto policiaco de la historia. Trama perfecta, conclusión sublime: el investigador descubre que es el asesino. Su motor es la indagación: poco más puedes hacer cuando tienes a Apolo de culo. Salvo arrancarte los ojos, claro. Eusebio Poncela lleva a cabo el mejor trabajo que le he visto en teatro (…). Está sobrio, contenido, y lidia exitosamente con un aluvión de texto, aunque no logra desprenderse del todo de su habitual afectación. A veces se muestra enfático, subrayante, o se le escapa una gestualidad entre kabuki y Pavlova (…). Rosa Novell compone una Iocasta breve y sensatísima (“No menees más el asunto, anda”, sería su mensaje), pero su grito final, más bien colocado que un ‘olé’ flamenco, hiela el infierno. Luis Hostalot y Fernando Sansegundo, los pastores que revelan el busilis, están igualmente impecables”.

Continuaba Ordóñez: “Lavaudant concibe la segunda parte, ‘Edipo en Colono’, como una pesadilla expresionista. En la pantalla flotan nubes oníricas y rostros fantasmales, una cosa entre Zulueta y Eisenstein. Hay ruidos urbanos, ladridos, bocinazos. Todo está muy oscuro, quizás porque estamos en el territorio de las Euménides. Lo peor de ‘Edipo en Colono’ es que se trata de una tragedia sentada. Poncela, menos redicho que en el primer tramo, no abandona el respaldo de un árbol abatido. Desde allí evoca, maldice, y pasa visita. Pocas cosas suceden. Lo importante es lo por venir”.

Y concluía el crítico: “Antígona’, es la que realmente me atrapa porque tiene verdadera tensión dramática: voluntades enfrentadas y actos volitivos sin excusa, o sea, sin echarle la culpa a los dioses. Todos quieren algo del otro, todo es imperioso. Y la ley dictada frente a ley eterna no es un concepto abstracto sino una cuestión de vida o muerte: si Antígona entierra a Polinices le dan mulé. Lavaudant siembra aquí el escenario de elementos innecesarios (un teléfono, un secador de peluquería bajo el que Ismene lee una revista, una tele frente a la que la reina Eurídice -Novell again- se amodorra dándole al frasco, etcétera), pero la estructura está muy bien ceñida en una serie de careos formidablemente escritos, traducidos, ritmados e interpretados: Antígona/Ismene, Guardián/Creonte, Creonte/Antígona, Hemon/ Creonte, Tiresias/Creonte, y el soliloquio desgarrador y final del tirano (…). Pijotadas escenográficas aparte, lo que aquí importa es lo que se dice y cómo se dice. Pedro Casablanc/Creonte (¡qué voz, qué autoridad!) y Laia Marull, vehemente Antígona, están soberbios, de largo los mejores de la función, casi dos héroes shakespearianos, porque saben que los dos tienen razón. Creonte pringa más porque su voluntad de poder absoluto le ciega sin necesidad de vaciarse las córneas. Noelia Benítez (Ismene) clava sus parlamentos, Críspulo Cabezas está mucho mejor como Hemon (hijo de Creonte, novio de Antígona) que como Polinices, Hostalot (Guardián) da el do de pecho, y Palenzuela, de nuevo Tiresias, se sacude el deje antañón, posiblemente harto de que no se tomen en serio sus profecías”.

Corran a ver ‘Edipo, una trilogía’

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El Festival Grec de Barcelona 2009 hacía balance a finales de la pasada semana e informaba que, de los sesenta y seis espectáculos que este año han desfilado por su programación, ‘Edipo, una trilogía’ había sido el más visto, sumando un total de 6.500 espectadores. Este montaje, que con anterioridad permaneció en cartel durante un mes en el Matadero de Madrid, llega la próxima semana al Festival de Mérida y algunos analistas ya han advertido que quien quiera disfrutar del buen teatro debería correr a verlo.

Vicente Molina Foix diseccionaba el montaje, con motivo de su paso por la capital, hace un par de meses en ‘El País’: “Este ‘Edipo’ que recorta de modo drástico pero inteligente las tres obras de Sófocles ‘Edipo rey’, ‘Edipo en Colono’ y ‘Antígona’, está dirigido por Georges Lavaudant, y es un modelo de montaje de una tragedia griega […]. El ‘Edipo’ del Matadero elimina los coros sin por ello tunear a Sófocles, como se ha hecho en otros montajes recientes de grandes clásicos, y Lavaudant cuenta muy elocuentemente la estremecedora historia que tiene que contar, sin ilustrarla (aunque sobren a mi entender un par de filminas proyectadas).

Párrafo aparte merecen sus actores, en lo que para mí supone el elenco de más alta y homogénea calidad visto en los últimos tiempos en Madrid. La mayoría de los nombres que lo forman tienen sobrado prestigio, pero también sabemos, los aficionados a este maravillosamente voluble arte de las tablas, que los grandes actores no en toda ocasión se muestran grandes. Aquí sí. Miguel Palenzuela (vestido, yo diría que deliberadamente por el director, de pepona) conmueve con su Tiresias, del mismo modo que dan gran densidad Pedro Casablanc a Creonte, Fernando Sansegundo a Teseo (en la segunda parte convertido en un fantoche a lo Thomas Bernhard), Luis Hostalot a sus papeles y Rosa Novell a los suyos, que pasan con admirable versatilidad de la tragedia al vodevil. La obra, como es lógico, se sostiene en la figura doliente de Edipo, y Eusebio Poncela, que prácticamente no sale de escena en la primera hora y cuarto, compone magistralmente un rey a imagen y semejanza de los plebeyos que estamos viéndole, sentados en las gradas del Matadero: curiosos, ambiciosos, equivocados, cargados de culpa, inocentes. A su lado también hay magníficos intérpretes jóvenes, Noelia Benítez, Laia Marull (que destaca poderosamente como Antígona), y alguien que supone para mí una revelación, Críspulo Cabezas. Recordaba su nombre llamativo y su rostro de adolescente de ‘Barrio’, la película de Fernando León, pero desde entonces aquel macarrita madrileño ha crecido y -pasando desde la tele y el hip-hop a la tragedia- se ha convertido en un imponente actor”.

Antes de argumentar su opinión, Molina Foix había escrito que ‘Edipo, una trilogía’ le parecía “el mejor espectáculo teatral de la temporada que a punto está de acabar”.